¿Sabes cuál es tu identidad eterna en un mundo temporal? ¿Sabías que cuando caminamos por esta tierra no somos definidos por este mundo? ¿Sabías que tu identidad más profunda no está en la nacionalidad? Para profundizar más acerca de este tema te invito a leer la Cápsula divina de hoy💊
20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;
Filipenses 3:20 [RV60]
En Filipenses 3:20 el apóstol Pablo nos recuerda que a pesar de que estamos en la tierra, este mundo no nos define, esto significa que nuestra identidad más profunda no está en la nacionalidad, los logros personales, el estatus social o las circunstancia actuales. Cuando somos creyentes y caminamos en integridad con Dios entendemos muy bien que nuestra ciudadanía está en los cielos, lo que significa que pertenecemos al reino de Dios.
Y tú, ¿estás viviendo solo para lo temporal o con una perspectiva eterna?
Una ciudadanía que transforma nuestra manera de vivir
Ser ciudadanos del cielo no es solo una promesa futura, es una responsabilidad presente. Es decir, un ciudadano que vive conforme a las leyes y valores del lugar al que pertenece. Como hijos de Dios, estamos llamados a reflejar los valores del cielo, tales como:
- Amor en un mundo herido.
- Verdad en medio de la confusión.
- Humildad donde reina el orgullo.
- Esperanza cuando otros se rinden.
Lo que Dios exige de nosotros es que nuestra conducta diaria debe ser un reflejo del Reino que representamos.
Esperamos al Salvador...
La frase "de donde también esperamos al Salvador" no es para utilizarla en soluciones rápidas o una vida sin problemas. Es una esperanza que nos sostiene cuando las cosas no salen como queremos. Saber que Cristo viene nos da paz, nos da fortaleza y nos ayuda a no aferrarnos demasiado a lo pasajero.
Así que, la esperanza cristiana no es evadir la realidad, es tener la seguridad en medio de ella.
Todo lo que hacemos para Dios tiene valor eterno
Entender que nuestra ciudadanía está en los cielos es vivir con los pies en la tierra y el corazón en el cielo. Esto no significa desconectarnos de la realidad, sino vivirla con propósito. Trabajamos, estudiamos, servimos y amamos, sabiendo que todo lo que hacemos para Dios tiene valor eterno.
No olvides donde está tu ciudadanía, atesora esta palabra y no te dejes dominar por el miedo, no vivas esclavo al sistema del mundo y no pierdas la fe en medio de las pruebas. ¡Dios está contigo!
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