El fruto que transforma relaciones y corazones




¿Sabes cuál es el fruto que transforma relaciones y corazones? ¿Conoces los secretos más importantes de la vida cristiana? ¿Sabías que el verdadero cambio no comienza afuera, sino adentro? Dios no sólo quiere que modifiques tu conducta, también quiere que seas transformado desde el corazón por la obra del Espíritu Santo. Si quieres profundizar en este tema te invito a leer la cápsula divina de hoy. 

22  Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

 23  mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

 24  Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

 25  Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

Gálatas 5:22-25 [RV60]

El fruto del Espíritu: evidencia de una vida rendida

El apóstol Pablo no habla de los frutos, sino del fruto en singular. Esto significa que no son virtudes separadas, sino un solo resultado integral producido por el Espíritu. Así que no se trata de que algunas personas tengan amor, otros paz, otros paciencia. El Espíritu produce un mismo carácter completo en todos los que se rinden a Él.

  •  Amor: refleja la esencia de Dios en ti fluyendo hacia a otros. 
  • Gozo: una satisfacción interior que no depende de circunstancias. 
  • Paz: reposo profundo en la soberanía de Dios.
  • Paciencia: es la capacidad que desarrollas para soportar sin rendirte ni amargarte.
  • Benignidad y Bondad: se trata de la disposición generosa del corazón que bendice incluso a quienes no lo merecen.
  • Fe: es esa confianza firme en Dios incluso cuando nada parece lógico.
  • Mansedumbre: fuerza bajo control, humildad que no busca imponerse. 
  • Templanza: dominio propio que vence los impulsos.
Hay que destacar, que estas virtudes no son logros humanos. Sino que son el resultado inevitable cuando Dios encuentra en nosotros un espacio obediente. 

Crucificar la carne: Un acto decisivo

El versículo  24  "Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos". Enseña que crucificar la carne no significa destruir la humanidad, sino negar la vieja naturaleza que quiere gobernar nuestras reacciones. Esto es:
  • La carne quiere respuestas rápidas, el Espíritu pide paciencia.
  • La carne busca razón y justicia propia, el Espíritu promueve la mansedumbre.
  • La carne desea impresionar y recibir crédito, el Espíritu guía a la humildad.
  • La carne impulsa a envidiar, el Espíritu llama a celebrar al otro.
Crucificar la carne es un proceso continuo que inicia cuando decides entregar tu vida a Cristo, lo que quiere decir que cada día tu eliges quien gobierna tus decisiones.

Vivir por el Espíritu y andar por el Espíritu


El versículo 25 "Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu" hace una distinción importante entre lo que es vivir por el Espíritu y andar por el Espíritu. Al vivir por el Espíritu  recibes la vida nueva que viene de Dios. Lo que ocurre cuando aceptas a Cristo. Y, andar por el Espíritu es caminar alineados con el Espíritu en lo cotidiano. Lo que significa que tienes un estilo de vida intencional.

Hay muchas personas que viven por el Espíritu, tienen la salvación, pero no andan por el Espíritu, es decir, no reflejan el carácter de Cristo. 

En cambio, los que andan por el Espíritu:

  • Consultan a Dios antes de reaccionar.
  • Mantienen una conversación interior con Él durante el día.
  • Frenan los impulsos que destruyen relaciones 
  • Eligen la respuesta que edifica aunque cueste.
  • Valoran más el carácter que la comodidad. 
Ahora que conoces cuál es el fruto que transforma relaciones y corazones es momento que permitas al Espíritu Santo que transforme tu corazón, dile al Señor: "Señor, que sea tu Espíritu quien gobierne mis palabras, mis emociones y mis decisiones hoy".

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