¿Sabes cuál es el conflicto invisible que todos enfrentamos? ¿Sabías que la vida cristiana no es un paseo cómodo, sino una guerra interna? ¿Conoces la diferencia entre andar en el Espíritu y andar en la carne? Si quieres profundizar en este tema te invito a leer la cápsula divina de hoy.
16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
Gálatas 5:16-17 [RV60]
Gálatas 5:16-17 nos revela una clave en la vida cristiana, esto es, que hay una lucha constante dentro de nosotros. Andar en el Espíritu es la vida de Dios en nosotros, que nos dirige a lo eterno, lo santo y lo que agrada al Señor.
¿Dónde está el campo de batalla?
El apóstol Pablo revela que la vida cristiana no es un paseo cómodo, sino una guerra interna. La carne y el Espíritu están en constante oposición. Así que, la carne representa la tendencia natural al pecado, esto es ira, orgullo, inmoralidad, egoísmo, entre otros, lo que significa que el campo de batalla está entre nosotros. En cambio, el Espíritu representa la vida de Dios en nosotros, lo que trae amor, gozo, paz, paciencia, dominio propio.
Esta oposición explica por qué a veces queremos hacer lo correcto, pero terminamos haciendo lo contrario. Lee lo que enseña Romanos 7:19
19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
Romanos 7:19-20 [RV60]
Andar en el Espíritu es rendirse a Dios
Pablo no dice: "esfuérzate para vencer la carne", sino "anda en el Espíritu" Es decir, permanece bajo la guía y el control del Espíritu Santo. Cuando andamos en el Espíritu sucede que:
- Nuestros pensamientos se alinean con la Palabra.
- Nuestras decisiones buscan agradar a Dios.
- Nuestras acciones reflejan el carácter de Cristo. La carne no desaparece, pero pierde dominio porque hemos entregado el control al Espíritu.
El deseo de la carne: busca gratificación inmediata
La carne siempre busca lo que es fácil, placentero y rápido, aunque nos destruya después. Por ejemplo, la ira satisface el impulso, pero rompe relaciones; la lujuria gratifica un instante, pero deja vacío; la envidia quema el corazón, pero no edifica nada.
Mientras que el Espíritu, nos enseña a ver el fruto a largo plazo, a sembrar en lo eterno y no en lo pasajero.
El propósito es depender de Dios
Pablo dice: "para que no hagáis lo que quisiereis". Es decir, la lucha existe para enseñarnos que no podemos vivir como queremos, sino como Dios quiere. La libertad que Cristo nos otorga no es para hacer lo que nos dicta la carne, sino para obedecer lo que nos conduce a la vida.
La lucha no es señal de fracaso, sino de transformación. Cuando sentimos resistencia es porque Dios está trabajando en nuestra naturaleza.
El fruto de andar en el Espíritu
En Gálatas 5:22-23, Pablo habla del fruto del Espíritu, esto es amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Lo que nos enseña a andar en el Espíritu no es reprimirnos con fuerza de voluntad, sino permitir que el Espíritu produzca en nosotros el carácter de Cristo.
Ahora que ya sabes cuál es el conflicto invisible que todos enfrentamos, es momento que tomes una decisión, endereza tu camino y deja que sea el Espíritu Santo guiándote. Medita en la Palabra, pues el Espíritu usa la Palabra para guiarnos.
No olvides examinar tu corazón con esta pregunta: "¿qué estoy alimentando más, la carne o el Espíritu?"
Pídele al Espíritu Santo que te ayude a tomar decisiones conscientes: lo que ves, escuchas y hablas.

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